Laura se está planteando comprar un coche nuevo. El suyo es muy antiguo y necesita renovarlo. De los eléctricos y los híbridos, le atraen mucho las ventajas medioambientales que ofrecen. Aunque, la verdad, está mucho más acostumbrada a los de combustión y tiene la impresión de que son coches más longevos. ¿Y si compra uno de segunda mano? Es una opción más económica, desde luego, ¿pero cómo podría estar segura de que no compra uno con demasiados kilómetros y, por tanto, que le deje tirada al poco tiempo de adquirirlo? Porque a Laura le gustaría que su coche estuviera operativo muchos años. ¿Pero cuál elegir? ¿Qué tipo de vehículo tiene una vida más larga?

Seguramente muchas personas que necesiten comprar un coche se estén planteando las mismas preguntas que la protagonista de esta historia. Y lo cierto es que no es fácil dar una respuesta, porque la vida útil de un vehículo depende de muchos factores. Ya no solo del tipo de motor que lleven, sino de cómo lo cuide cada conductor y del mantenimiento que se le haga.

¿Cuándo es aconsejable cambiar de coche?

Hay dos factores que ayudan a decidir si ha llegado el momento de sustituir nuestro coche antiguo por uno nuevo: los kilómetros recorridos y la edad del vehículo. Aunque ahora, con las nuevas restricciones medioambientales impuestas en ciertas ciudades, también será importante a la hora de decidirse si el vehículo cuenta o no con etiqueta. ¿Pero cuál pesa más en la decisión? Lo cierto es que una mezcla de ambos.

Los kilómetros recorridos dan una idea del posible desgaste mecánico del coche. Pero no es lo mismo haber hecho muchos viajes por autopista que la misma cantidad de kilómetros por ciudad. Así mismo, la recomendación es cambiar de coche a los 10 años, como media, pero si ha estado bien cuidado y se ha hecho el mantenimiento adecuado, esa vida puede alargarse unos años más.

Según la web de Clicars, los motores de gasolina tienen una vida media de 250.000 km aproximadamente, si calculamos una media de 20.000 km al año. Por tanto, la vida útil de este tipo de vehículos estaría entre los 13 y los 15 años de media.

Por su parte, los motores diésel suelen ofrecer una vida útil más larga, llegando a circular hasta más de 400.000 km, lo que significarían unos 20 años aproximadamente de vida.

Respecto a los vehículos eléctricos, estos son más fáciles y baratos de mantener ya que cuentan con menos elementos mecánicos que los coches de combustión. Su durabilidad, sin embargo, depende de la vida de la batería. Según indican en un artículo del RACE, por lo general, las baterías más sofisticadas puede llegar hasta los 3.000 ciclos de recarga, lo que traducido a kilómetros serían unos 200.000. A partir de ahí, su capacidad se reduce al 75%, reduciéndose, por tanto, la autonomía del vehículo. El resto de elementos que componen un coche eléctrico tendría una vida media y un mantenimiento similares a los de los vehículos de combustión.

Factores que alargan o acortan la vida de un coche

En el caso de los vehículos de combustión, son varios los factores que influyen en cuánto se alargará su vida útil.

  • El  tipo de motor.
  • El mantenimiento del vehículo.
  • El estilo de conducción: cuanto más agresiva, mayor será el desgaste.
  • Las condiciones ambientales y de uso: No es lo mismo circular mayoritariamente por ciudad, con continuas paradas y arranques, que por carretera, donde puede mantenerse una velocidad constante.
  • Y la calidad de los componentes y repuestos.

Cuándo toca hacer revisión

Una vez más, dependerá del tipo de vehículo que tengamos.

En el caso de los diésel y gasolina, la recomendación general es que se le haga una revisión completa cada 10.000 o 15.000 km, o cada 6 o 12 meses, lo que ocurra primero. En esa revisión debe hacerse un cambio de aceite, revisarse los filtros e inspeccionar los frenos, los neumáticos, el sistema de dirección, la suspensión y el sistema de escape, entre otros componentes.

En los vehículos eléctricos, se recomienda, por lo general, hacer una revisión anual o cada 20.000 o 30.000 km, aunque esto varía en función del fabricante y del modelo. Una revisión típica afectaría a la batería, el sistema de frenos, los neumáticos y otros componentes eléctricos.

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