El primer coche de gasolina nació en 1886. Era un Benz modelo Nº1 Alemán. Su apariencia, en las fotos que se pueden encontrar por internet, no disimula en lo más mínimo la antigüedad del vehículo: ni sus tres ruedas, ni su timón frontal, ni su motor en la parte trasera, con todas las válvulas, compartimentos y tripas al aire.

Si hoy alguien que solo hubiese conocido ese coche se parase en una carretera y se cruzase con un Tesla circulando sin conductor, probablemente acabaría perdiendo la cabeza. Es comprensible, porque desde aquel siglo XIX, los coches, al ritmo de la tecnología, han cambiado de manera radical. Ahora es posible que la historia esté a punto de abrir un nuevo capítulo y es probable también que, si finalmente lo hace, sea gracias a la inteligencia artificial.

Ya hace años que circulan por las carreteras algunos vehículos que emplean inteligencias artificiales sencillas para solventar algunas de sus tareas. El futuro de los coches que dibujaría la aparición de IA más avanzadas podría ser digno de una película de ciencia ficción. Adelante con los robots, los coches que se conducen solos y las máquinas que piensan.

Primer automóvil creado por Karl Benz en 1885. Via Wikimedia Commons
coches y carreteras inteligentes

Inteligencia artificial en las carreteras en 2023

La industria automotriz está volcada con la adopción de las máquinas inteligentes. Entre 2014 y 2022 los fabricantes de coches invirtieron más de 9.000 millones de euros en start-ups que desarrollaban proyectos de inteligencia artificial. La tecnología podría transformar la industria. Porque su utilidad no se limita a los vehículos y la experiencia al volante, sino que se extiende por toda la propuesta de valor, desde la mesa de diseño a los trayectos a bordo del vehículo, pasando por las cadenas de montaje.

Actualmente, las inteligencias artificiales que ya están presentes en algunos vehículos no dan una idea acertada del potencial que tiene la tecnología. Se trata de modelos sencillos, sin capacidad de aprender ni de evolucionar sobre lo aprendido, pero suficientemente avanzados como para reconocer el entorno, leer las señales de tráfico y las marcas en el pavimento e identificar vehículos y peatones. Pero poco más.

El coche de hoy: una mina de datos

La realidad es que los vehículos de carretera en 2023 ya tienen unas funcionalidades de las que podrían beneficiarse tremendamente los sistemas de inteligencia artificial. Coches, camiones y camionetas ya hace tiempo que están equipados con complejos sistemas de sensores que recopilan información cada vez que se arranca. Esa información, capturada e integrada con la del resto de millones de vehículos que circulan por el mundo, podría servir para mejorar la experiencia en carretera.

Los vehículos de hoy están equipados con más de 70 sensores dedicados a medir, gestionar y registrar diversos aspectos del funcionamiento, el uso y el estado del vehículo. Así, a los sensores que están debajo del capó —controlando cosas como que la temperatura no suba tanto como para hacer que el coche arda—, se une otro tipo de dispositivos de recogida de información que registran con detalle el entorno y lo que rodea al vehículo. Es el caso, por ejemplo, de los sistemas GPS, que permiten al coche orientarse geográficamente y ofrecen, además, una vista de toda la geografía que tiene alrededor. Pero también de los escáneres LiDar, capaces de producir un modelo fiel de todo lo que está próximo al coche a través de emitir ondas de luz y medir el tiempo que tardan en volver rebotadas desde otras superficies.

Una inteligencia artificial capaz de combinar toda esa información y de aprender de ella, y adaptarse a las variables que dibuja, podría cambiar drásticamente la experiencia de subir a un coche o conducirlo. Simplificarla. Y, también, hacerla mucho más segura.

En pos de la seguridad vial, aplican la inteligencia artificial los sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS), que combinan la IA con la electrónica del coche para aumentar la seguridad. El frenado automático, evitar colisiones o los controles de crucero son ejemplos de sistemas podrían hacer mejorar la seguridad de los viajeros exponencialmente gracias a la combinación de una IA con los datos generados por las millones de personas que se ponen diariamente al volante.

Porque las IA tienen un potencial tremendo a la hora de hacernos a nosotros mejores conductores o, como mínimo, de hacernos menos falibles. La calidad de las decisiones de una máquina con las experiencias condensadas de millones de conductores sobrepasaría con creces la del mejor piloto del planeta. Y, además, eliminaría completamente todos los fallos provocados por el factor humano. 

Lo que pensamos de las IA

Con todo, todavía queda un largo camino para que las IA dominen las carreteras. No es solo una cuestión tecnológica o de garantías. La adopción masiva de las inteligencias artificiales requerirá, también, que los humanos nos acostumbremos a que una máquina decida por nosotros. O a que conduzca nuestros vehículos sin que nosotros intervengamos. Por el momento, según los datos del PewResearch en EEUU, más de un 40% de los entrevistados declararon que creían que los coches autónomos eran una mala idea, y un 29% que no estaban seguros.

Otra encuesta, esta del Foro Económico Internacional en 2022, revelaba que solo un 50% de los encuestados confiaba en las empresas que desarrollan inteligencia artificial tanto como confiaban en otras empresas. Al mismo tiempo, un 39% afirmaba que los productos y servicios que usan inteligencia artificial les pone nerviosos. 

Entre 2014 y 2022 los fabricantes de coches invirtieron más de 9.000 millones de euros en start-ups que desarrollaban proyectos de inteligencia artificial

Los coches en un mundo de inteligencias artificiales

Desde hace años circulan por las carreteras vehículos que emplean inteligencias artificiales sencillas para solventar algunas de sus tareas. Pero el futuro de los coches que dibujaría la aparición de IA más avanzadas podría ser digno de una película de ciencia ficción

Son los últimos avances en inteligencia artificial los que podrían impulsar los coches hacia el futuro. Las noticias más actuales apuntan a que podríamos disfrutar de inteligencias artificiales generales —aquellas que pueden razonar y aprender de manera similar a una persona— en menos tiempo del previsto. Esos futuros modelos son los que podrían servir como empuje de la innovación en la industria automotriz.

Para empezar, la evolución de la tecnología podría provocar, finalmente, el advenimiento de los vehículos autónomos. De hecho, si todavía no gozan de una adopción generalizada es porque no hay garantías de que, a la hora de tomar determinadas decisiones, las IAs vayan a ser capaces de tomar la correcta. Pero en el momento en el que las máquinas vayan de la mano de esa garantía, podría empezar a ser cada vez más común ver coches conduciéndose por sí mismos.

Sí, una de las mayores ventajas de los vehículos inteligentes es que pueden conducir solos. Pero, al mismo tiempo, incluso en los casos de aquellas personas que prefieran seguir conduciendo, la IA podría ofrecer mejoras en su experiencia. Podría, por ejemplo, ser entrenada con datos y maniobras de tráfico, y usarlos después para asistirnos durante la conducción. O ayudarnos a elegir el modo de funcionamiento del coche que mejor se adapte a una meteorología exigente: encender las luces antiniebla cuando haya poca visibilidad, los limpiaparabrisas cuando llueva o el sistema de control de tracción cuando haya hielo.

Además, conducir no es la única cosa que los coches equipados con una IA general podrían hacer de manera autónoma. Otro ejemplo serían las ventajas medioambientales que podría conllevar la presencia de inteligencia artificiales más avanzadas en las carreteras. Así, un modelo con el objetivo explícito de reducir las emisiones podría decidir que, en un momento dado, una reducción de la velocidad podría ir acompañada de un consumo menor de combustible o energía. O que la regulación de la temperatura del coche podría redundar en la minimización del desperdicio energético. O que usar una marcha diferente podría motivar un estilo de conducción más sostenible. El impacto de las IA podría ser muy beneficioso a la hora de ahorrar y gestionar de manera efectiva el consumo sostenible de los vehículos; esos beneficios generados por usar aplicaciones en todo lo que tiene que ver con aumentar la eficiencia de los vehículos y por ello, con su uso de la energía.

En el futuro, además, varios vehículos equipados con inteligencia artificial podrán, en un momento dado, coordinarse mientras circulan por la carretera. También estar en contacto con los ordenadores de abordo de otros vehículos. Una coordinación así podría servir para mejorar el flujo del tráfico. Evitaría atascos, accidentes e incluso podría marcar la diferencia entre detectar una avería antes de que se produzca y que el vehículo te deje tirado en mitad de la nada.

Por último, las IA podrían liberarnos de una de las mayores ‘pesadillas’ que ha conocido la humanidad a lo largo y ancho de su existencia: aparcar el coche. Y no solo. Porque qué decir de la posibilidad de tener un vehículo que no solo se estaciona por sí mismo, sino al que, además, puede uno dejar en la calle en cualquier momento con la instrucción de que busque un hueco y se aparque. Ese es un sueño que podría hacer, incluso, que todo el tostón sobre la IA hubiese merecido la pena.

La IA entrará hasta la cadena de montaje

Más allá de los beneficios de implementar inteligencias artificiales a bordo de los vehículos, las ventajas de usar IA podrían extenderse a las cadenas de ensamblaje de vehículos. A través de la combinación de robótica e inteligencia artificial, el futuro del montaje de coches y camiones (así como el de muchos otros objetos) está probablemente formado por cadenas de montaje sin seres humanos. En su lugar, brazos mecanizados, sensores y chips serán los encargados de encajar todas y cada una de las partes de la máquina hasta dar lugar a su forma final.

Hoy, algunos centros de ensamblaje ya cuentan con trabajadores dotados de inteligencia artificial. Es el caso de los robots colaborativos, capaces de adaptarse al ritmo, la posición y las acciones de un humano en una cadena de montaje. Por otro lado, también están los vehículos guiados automatizados, que pueden mover cargas por una fábrica de forma autónoma, sin necesidad de asistencia humana.

Pero, además, una IA con acceso a un gran volumen de datos de muchos coches diferentes, también podría usarse en una fase previa, la del diseño. Es posible que las inteligencias artificiales no sean necesariamente más creativas que las mentes humanas.Tampoco se puede negar la posibilidad de que, aplicadas a una tarea como la del diseño de un coche, las soluciones que desarrolle si no son mejores que las de un ingeniero, pueden ser, al menos, diferentes. Algunas de ellas podrían, incluso, acelerar la innovación e impulsar el futuro de la industria en una dirección diferente que, sencillamente, a nadie se le había pasado por la cabeza.

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