Conducir es una actividad que requiere de usar toda la atención de la que somos capaces. Llevar el vehículo por la carretera, reduciendo al mínimo el riesgo de accidentes obliga a mantener bajo control toda una serie de parámetros diferentes. Desde las luces de posición a la dirección del volante pasando por el nivel al que se encuentran el tanque de combustible o la batería. De entre todas ellas, una variable es la que tiene mayor influencia sobre el riesgo que tiene nuestro vehículo: la velocidad. 

Tras el volante, a la velocidad a veces no se le presta toda la atención que habría que prestarle, y son muchos los que se permiten sobrepasar los límites, aunque sea por unos pocos kilómetros por hora. Lo cierto es que, esos pocos kilómetros por hora de más podrían aumentar considerablemente las posibilidades de que acabemos chocando con algo. Es así porque la velocidad es uno de los principales factores de riesgo en los accidentes en la carretera.

Y en ese sentido, las cifras no mienten. Según la Administración de Seguridad en el Tráfico por Carretera de Estados Unidos, en los seis primeros meses de 2023, los accidentes que se produjeron en las carreteras del país a causa de la velocidad supusieron un tercio de todos los accidentes. En el caso de la Unión Europea, se estima que la velocidad estuvo detrás de entre el 10 y el 15% de todos los accidentes y del 30% de los accidentes fatales. 

perdida visual por accidente de tráfico
coches circulando a gran velocidad

Velocidad y accidentes

Para empezar, existe una relación directa entre la velocidad a la que circula un coche y las probabilidades de que sufra un accidente, una relación analizada en un número importante de estudios y que se ha demostrado de una manera tajante. Cuanto más deprisa va un vehículo, más probabilidades tiene de acabar chocándose con algo. 

Tanto es así que, según un estudio recogido por la Comisión Europea, «un cambio en la velocidad media de 1 km/h resultará en un cambio en el número de accidentes de entre un 2%, en el caso de carreteras con un límite de 120 km/h, y del 4% en carreteras de 50 km/h». Es decir, por cada kilómetro por hora extra (a 120km/h) de velocidad en una carretera, el número de accidentes se incrementa en un 2%.

El problema de conducir demasiado deprisa, es que sus consecuencias son difíciles de predecir. Pero están ahí. En primer lugar, la velocidad dificulta la toma de las curvas, un hecho que habrá escuchado cualquiera que haya pasado por la autoescuela. Es así porque es más difícil controlar el coche y ajustarlo al trazado de la curva, pero también porque a mayor velocidad, mayor será la fuerza centrífuga que experimenta el vehículo.

«un cambio en la velocidad media de 1 km/h resultará en un cambio en el número de accidentes de entre un 2%, en el caso de carreteras con un límite de 120 km/h, y del 4% en carreteras de 50 km/h»

Además, a mayor velocidad, menor será el margen de reacción que tendrá el conductor, y al mismo tiempo, mayor será la distancia necesaria para detener el vehículo. Así, suponiendo una capacidad de reacción de 0,75 segundos, a una velocidad de 50 km/h, el vehículo recorrerá 10 metros antes siquiera de empezar a frenar, una distancia que se irá hasta los 25 metros si circulamos a la velocidad máxima más habitual de 120 km/h. Pero es que, además, la velocidad de reacción media de una persona estaría entre 1,5 y 4 segundos. Unas distancias que en muchos casos podrían ser la diferencia entre estrellar el vehículo contra algo o no hacerlo.

Al mismo tiempo, la velocidad podría influir incluso en nuestra capacidad de percepción visual. Cuanto más deprisa vamos, menos somos capaces de ver lo que nos rodea. Por eso, cuando vas en un vehículo en movimiento, es casi imposible seguir las cosas que pasan a tu lado con la mirada. Circulando a una velocidad de 80 km/h una persona perdería hasta el 35% de su capacidad visual, una pérdida que seguiría incrementándose cuanto más rápido vaya el vehículo. 

Dentro de los datos de la Comisión Europea se recogen las conclusiones demoledoras de estudio australiano que demuestra que hay una cierta equivalencia entre el riesgo que provoca ir demasiado deprisa y el de conducir después de consumir alcohol. Según las conclusiones del estudio, «sobrepasar un límite de velocidad de 60 km/h en 5 km/h es comparable al riesgo de tener una concentración de alcohol en sangre del 0,05». Y por si fuera poco, sobrepasar el mismo límite por 10 km/h aumenta más el riesgo de sufrir un accidente que «conducir con una concentración de alcohol en sangre del 0,08%».

Circulando a una velocidad de 80 km/h una persona perdería hasta el 35% de su capacidad visual, una pérdida que seguiría incrementándose cuanto más rápido vaya el vehículo. 


Según el Instituto para la Investigación en Seguridad Vial holandés, las conclusiones de estudiar la relación entre accidentes y velocidad son claras: hay una relación directa entre circular por encima de la velocidad del resto de vehículos (es decir, por encima del límite) y el riesgo de sufrir un accidente. Una relación que no se produce en sentido contrario: mientras que cuanto más deprisa conduzcas, más posibilidades tienes de acabar involucrado en un accidente, no es así cuando conduces por debajo de la velocidad del resto de vehículos.

velocidad y alcohol
choque de coches

Velocidad y mortalidad

La velocidad de la conducción también influye directamente en las consecuencias de tener un accidente. Cuanto mayor sea la velocidad de circulación, mayores serán las fuerzas que se ejerzan sobre el vehículo. Así, hay una relación directa entre velocidad y el riesgo de lesiones, una relación que implica que las probabilidades de acabar herido aumentan de forma exponencial cuando aumenta la velocidad.

Todo gira en torno a la energía cinética, que es la que se produce en un choque. Es la energía del movimiento, la que tiene el coche acumulada por la dirección y la velocidad en la que se dirige. Y es una energía que aumenta mucho con subidas pequeñas de velocidad, así una velocidad de 30 km/h imprimirá en el coche la mitad de energía cinética que una velocidad de entre 40 y 50 km/h.

mortalidad peatones y velocidad al volante

El efecto del aumento de la energía cinética se refleja en la relación directa que existe entre la velocidad y las lesiones. Así, según los estudios, reducir la velocidad un 1% reduce los accidentes con lesiones en un 2%, los accidentes con lesiones graves en un 3% y los accidentes mortales en un 4%. La velocidad del vehículo también influye sobre la mortalidad potencial de un accidente. Según, Brake, una ONG británica dedicada a la seguridad vial, un peatón atropellado a cerca de 50 km/h por hora tendrá una posibilidad entre cinco de morir (20%), mientras que uno golpeado por un vehículo que circule en torno a los 55 km/h tendrá una probabilidad entre tres (33,3%).

Además, los efectos de la energía cinética también harán que los dispositivos de seguridad del coche sean mucho menos efectivos. Por tanto, a una velocidad elevada, servirán de menos los cinturones de seguridad, los airbags o incluso la resistencia a la deformación de la carrocería. 

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