La historia sobre el biodiésel con motivo de su Día Mundial

La historia siempre brinda recovecos y zigzags como una carretera de montaña, pero vayamos al momento más popular de este asunto. Corría el 10 de agosto de 1893 -de ahí la efeméride que nos ocupa– cuando el ingeniero Rudolf Diesel (París, 1858) activa el primer motor que hace frente al de gasolina empleando combustibles renovables provenientes de distintas fuentes, como el aceite vegetal. En 1900 presentaba el invento en sociedad durante la Exposición Mundial de París. Y así arrancaba la singladura definitiva e imparable del motor diésel.

El artífice declaró en alguna ocasión: “El uso de los aceites vegetales como combustible y fuente energética podrá ser insignificante hoy, pero con el curso del tiempo será tan importante como el petróleo y el carbón”. Dio bastante en el clavo. En una época en que los líderes políticos del orbe han fijado 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) dentro de la llamada Agenda 2030, las acciones para lograr un planeta más verde y proteger el medio ambiente son claves. Y los sectores de la automoción o la energía, un pilar esencial ante el cambio climático.

“Esta celebración del 10 de agosto es oportuna para recordar a los ciudadanos que el gasóleo de automoción que utilizan en sus vehículos lleva en España hasta un 7% de biodiésel en volumen, una proporción que previsiblemente aumentará hasta el 10%, una vez se apruebe una Directiva actualmente en tramitación en la Unión Europea”, apunta Manuel Bustos, director de APPA Biocarburantes, la asociación que agrupa desde 2005 a las principales empresas productoras de estas sustancias combustibles en España. “Por tanto, el uso del biodiésel va a ir a más en el transporte por carretera, especialmente entre los vehículos pesados. También se están dando pasos para su introducción en el transporte marítimo, un sector cuya descarbonización es urgente, pero donde la electrificación resulta muy problemática”, reflexiona, con vistas al futuro.

 

A todo esto, ¿qué es el biodiésel?

No hace falta el cerebelo de Einstein, pero atención al concepto, que se las trae: “transesterificación”. Así, el biodiésel es el combustible producido por el proceso de la transesterificación, muy bien explicado en el “Enclave de ciencia” de la RAE y que viene a provocar una reacción química en un aceite vegetal cuyo resultado permite alimentar -¡bingo!- los motores diésel. Importante: mientras que el diésel se obtiene del petróleo, el biodiésel es un carburante renovable de origen natural. ¿Y con qué aceites se logra? Hay variedad de sustancias orgánicas. El de palma, el girasol, la soja, la colza, la canola e incluso las grasas animales son de uso habitual, pero, dado su elevado precio, la producción prioritaria del biodiésel echa mano del aceite vegetal residual de restaurantes y empresas alimenticias.

Ventajas del biodiésel, qué bonito nombre

El tema da para una tesis doctoral, pero, como sintetizan desde la web divulgativa de ciencia Rincón Educativo, el biodiésel reduce las emisiones contaminantes de los vehículos, “como el monóxido de carbono y los hidrocarburos volátiles en el caso de los motores de gasolina y las partículas en los motores diésel”. En este sentido, también ahorra entre el 25% y el 80% de CO2 generado por los combustibles derivados del petróleo. Y otra ventaja es la utilización del suelo que esté en desuso por los agricultores –el mayor aprovechamiento de la cosecha, por tanto- y, así, su mejor conservación. En cuanto a los pros propiamente mecánicos, el biodiésel sirve para motores de dos tiempos y como aditivo de la gasolina.

Pero la virtud más relevante recae en su menor impacto medioambiental, obviamente. Lo corrobora Manuel Bustos, director de APPA Biocarburantes: “Desde que empezó a comercializarse en España hace casi veinte años, el biodiésel ha venido contribuyendo a reducir la huella de carbono del gasóleo de automoción, asegurándose también que las materias primas para su fabricación no provienen de bosques o de otras áreas de elevado valor en cuanto a biodiversidad o reservas de carbono”. Y apostilla: “El futuro aumento de la incorporación de biodiésel al gasóleo y una mayor utilización de materias primas residuales incrementarán aún más la contribución de este carburante renovable a la sostenibilidad del sector. El biodiésel que se consume en España tiene legalmente que reducir las emisiones de CO2 al menos en un 50%, ya que en caso contrario no podría comercializarse”. Esto significa que la media de ahorro del biodiésel de España ronda el 65% con algunos biodiéseles fabricados a partir de residuos que se acercan al 90%. En otras palabras, se trata de una efeméride acaso desconocida, pero de capital importancia para el ecosistema en nuestro día a día.

Por otra parte, atendiendo a los más escépticos, no todo lo que reluce es oro líquido. Por ejemplo, aunque apenas se nota al volante, la capacidad energética del biodiésel concede menor potencia –un 5% menos- que un motor de arranque de diésel y se degrada más rápido, además de crear algún traspié con los filtros del automóvil. En el plano de la sostenibilidad, la mayor pega alude al posible efecto del monocultivo en ecosistemas rurales equilibrados. ¿Por qué? Porque, según algunas voces críticas de sectores ecologistas, que haya grandes extensiones con un solo cultivo para biocombustibles adultera el entorno autóctono. Nunca hay pros sin contras… La vida misma.

Efeméride y reto por la sostenibilidad

Ahora bien, el hecho de que el biodiésel disminuya hasta un 80% las emisiones de carbono en comparación con los combustibles fósiles le augura una larga travesía. No en vano, recalcan desde APPA Biocarburantes, “nos dirigimos claramente hacia la neutralidad climática, a más tardar en 2050, lo que significa que hay que acelerar el ritmo de descarbonización seguido hasta ahora”. “Todos los sectores de la economía deben contribuir a este esfuerzo, lo que en el del transporte pasa por aumentar el uso de combustibles sostenibles renovables y bajos en carbono en todos sus subsectores: carretera, ferrocarril, aviación y navegación”.

 

No hay marcha atrás. El reto tiene carácter global. Depende de todos y a todos concierne, como los ODS. Actualmente, Alemania, Austria, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Malasia y Suecia son pioneros en la producción, pruebas y empleo de biodiésel en automóviles. Una necesidad universal. Un combustible renovable que debemos, entre otros genios anónimos, a Rudolf Diesel. Con él empezó todo…

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