Su coche hablará con la carretera: el futuro del transporte conectará vehículos e infraestructuras

Tener el coche conectado a la red ofrece una fantástica oportunidad para tener a los niños entretenidos viendo dibujos durante los viajes largos. Hace tiempo que la tecnología bluetooth, así como los puertos USB y más recientemente las conexiones inalámbricas a internet, permiten que nuestros teléfonos inteligentes se comuniquen con nuestros vehículos. Pero el futuro promete mucho más.

Igual que los telepeajes, en los que el conductor no tiene más que elegir un carril y un sistema de microondas de corto alcance se ocupa del engorroso pago. Más pronto que tarde, las tecnologías aplicadas del internet de las cosas permitirán que las carreteras y los coches puedan estar conectados. Porque las carreteras, igual que los vehículos, cada vez serán más inteligentes. Y la realidad es que el futuro del transporte puede beneficiarse enormemente de la posibilidad de que los coches y las carreteras se comuniquen entre sí.

Ese concepto, el de smart road o carretera inteligente, es otra vuelta de tuerca al internet de las cosas. A través de tecnologías como los sensores de velocidad, las cámaras de tráfico, los sistemas de predicción meteorológica, las señales digitales y la inteligencia artificial, las carreteras del futuro podrán ampliar su utilidad en casi todas las direcciones.

Su coche hablará con la carretera

Gracias a los teléfonos inteligentes, los wearables y Alexa, ya llevamos una temporada hiperconectados. Entre nosotros y con lo que nos rodea. Y cuando los sistemas de transporte (vehículos y carreteras) den el siguiente paso en ese sentido, la conducción y los viajes no solo serán mucho más seguros, sino también más sencillos. Porque la conectividad coche-carretera cambiará considerablemente la experiencia de coger el coche.

Las señales de tráfico se convertirán en un objeto de otra época. Los proyectos de señales inteligentes proponen precisamente que las propias señales no se limiten a mostrar la información de manera visual. De la misma forma que los sistemas de GPS ya avisan de las señales circundantes, en el futuro, las propias señales podrán emitir mensajes que avisen a los conductores de su contenido. Dentro del coche, el conductor recibirá un aviso sonoro con el mensaje de la señal o se hará visible en la pantalla del vehículo. No solo aumentará la efectividad en cuanto a la conducción segura, incluso en condiciones de poca visibilidad, también podrá servir en un futuro para que los vehículos autónomos dejen de necesitar sistemas complejos de reconocimiento de señales.

Además, y aunque para más de uno suponga aumentar el gasto anual en el pago de multas, las carreteras inteligentes también simplificarán la detección y notificación de faltas. De acuerdo con el think tank de innovación Singularity Hub, las cajas negras de los coches podrán almacenar un registro detallado de las infracciones cometidas. El aviso de la infracción también se transmitirá a los responsables de manera automática.

A través de la interconexión entre vehículos, carreteras y sistemas de gestión de tráfico, podrá conseguirse un aumento de la seguridad. Desde el momento en el que muchos de los sistemas que ya se han implementado en los primeros vehículos autónomos se extiendan, los propios vehículos y carreteras podrán tomar decisiones, como detener el vehículo en una situación de riesgo o reducir la velocidad del coche en una determinada zona.

El asfalto como data analyst

Al mantener los vehículos y las infraestructuras conectados, las autoridades y gestores de estas podrán recopilar un gran volumen de datos sobre tráfico, sobre las condiciones de circulación, las velocidades o incluso sobre el propio estado de las carreteras. Y cuanta más información, mayores las mejoras que se pueden implementar.

Para empezar, el aumento de volúmenes de datos recogidos permitirá una mejora en los sistemas de planificación urbanística. La información, por ejemplo, sobre el estado del tráfico ayudará a ajustar los semáforos en función de las necesidades del tráfico. En un momento dado, un sistema integrado digital que pueda acceder a la información sobre los vehículos que se encuentran en las inmediaciones, las velocidades a las que circulan y el estado general del tráfico y la carretera permitirá que los semáforos se abran o se cierren para evitar atascos.

Reducir las congestiones en los puntos calientes de las ciudades tendrá, además, un efecto colateral. Al optimizarse los flujos de coches y minimizar la duración de los atascos, se logrará reducir el volumen de emisiones de CO2 provocadas por el tráfico.

Al mismo tiempo, la información recopilada por las carreteras inteligentes servirá para identificar zonas problemáticas en las que haya un gran número de accidentes o situaciones de riesgo. A partir de ahí, se podrá identificar si la causa pasa por una señal o semáforo o cruce determinados. Y en ese momento, trabajar sobre la causa concreta que provoca los problemas de una manera mucho más eficiente.

La conexión de las carreteras entre sí, con los vehículos y con un sistema centralizado de gestión ayudará a controlar el estado de estas en tiempo real. Y las reparaciones o ajustes podrán realizarse a partir de los datos recopilados por los sistemas inteligentes de monitoreo de carreteras. Incluso, con carácter preventivo, con el ahorro y el aumento de la seguridad que eso supone.

Carreteras que le cargan el coche

A partir de tecnologías como el sistema Smart Pavement de la start-up americana Integrated Roadways, el propio pavimento podrá servir como la principal plataforma wifi para los coches y demás vehículos conectados. Además, a través de un sistema de sensores y fibra óptica, se utilizará para detectar accidentes y notificar emergencias de manera automática.

En un futuro, con la adopción masiva de los vehículos eléctricos, no solo podrán usar la conectividad con las carreteras para compartir datos y planificar, también podrán utilizarlas como cargadores en ruta. La aplicación de la tecnología de carga inalámbrica permitirá que la electricidad se transmita a los vehículos desde bobinas de inducción instaladas en el pavimento. Ya hay proyectos piloto planificados de esta tecnología en las ciudades de Tel Aviv, Gotland, Karlsruhe y en la autopista A35 de la región de Lombardía.

Las carreteras del futuro, además de servir como cargadores inalámbricos, también podrán servir como generadores de electricidad. Porque, en muchos casos, las fuentes de energía ya están presentes a través de la luz solar que reciben, así como de las vibraciones que generan los vehículos. La energía resultante no solo puede usarse para alimentar la instalación eléctrica propia de la carretera (señales, farolas y demás), sino que servirá para recargar coches eléctricos, e incluso para transferirla a la red eléctrica.

En definitiva, las carreteras del futuro dejarán de ser simples vías para hacernos la vida más fácil. Podrán cargarnos el coche, librarnos de los atascos y hasta, en un momento dado, decidir la mejor ruta por nosotros. Quizá solo les falte llevar el coche. Pero no se preocupe, de conducir por usted ya se encargarán los coches autónomos.

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