El cambio climático llegará a las carreteras y afectará a la seguridad vial

El aumento de los fenómenos meteorológicos extremos que conlleva el cambio climático afectará a la seguridad vial, de ahí la necesidad de adaptar nuestras infraestructuras que aconsejan los informes europeos y estatales

La modificación de los patrones de temperatura, lluvia y fenómenos extremos que trae consigo el cambio climático tendrá efectos en todos los ámbitos. Las carreteras y, por tanto, la seguridad vial no quedarán al margen. El aumento de la temperatura media en verano, la frecuencia de lluvias torrenciales o las olas de calor afectan a la conservación de los pavimentos y a la movilidad por carretera. Los gobiernos son conscientes y muchos han elaborado estrategias para mitigar los efectos del cambio climático en estas vías.

El problema es global y va más allá de la seguridad vial. La cuestión radica en calibrar cuál será la intensidad de esos efectos en cada zona. En Europa, el informe Impactos del Cambio Climático: el foco sobre las infraestructuras de transporte por tren y carretera, del Centro Común de Investigación (JCR) de la Comisión Europea, estudió la vulnerabilidad del sistema en 2012, y concluyó que, si no se afronta el problema en las estrategias de diseño y mantenimiento de carreteras, los cambios del clima podrían “acelerar su deterioro y aumentar los riesgos de daño severo, de interrupción del tráfico y de accidentes, lo que podría afectar a la actividad económica” en algunas regiones.

El proyecto Weather, financiado dentro del Séptimo Programa Marco de Investigación y Desarrollo Tecnológico, cuantificó los costes de los fenómenos meteorológicos extremos derivados del cambio climático. El coste estimado sobre la movilidad por carretera en la UE es de 1.805 millones de euros al año, el 80% de los cuales corresponden a los daños sobre la infraestructura. A nivel agregado, estos costes no deberían aumentar en exceso en Europa por efecto del cambio climático, pero a nivel regional o desagregado las consecuencias podrían ser “severas”, según el estudio del JRC.

El coste estimado de los fenómenos meteorológicos extremos sobre el transporte y la movilidad por carretera en la UE es de 1.805 millones de euros al año

Por ejemplo: mientras que la degradación por las precipitaciones podría aumentar ligeramente, los inviernos más templados ayudarán a paliar este efecto. Por el contrario, el aumento de la temperatura media podría requerir cambios en el diseño de los pavimentos y en las operaciones de mantenimiento, y algunas carreteras podrían verse expuestas a precipitaciones extremas, inundaciones, aumento de las temperaturas e, incluso, la subida del nivel del mar. Es decir, situaciones que afectan directamente a la seguridad vial y a la movilidad por carretera.

Las consecuencias del cambio climático podrían acelerar el deterioro de las carreteras y aumentar los riesgos de daño severo, afectando por tanto a la seguridad vial, según un informe del JCR

El informe del Grupo de Trabajo de Fomento

En España la cuestión ha sido objeto de estudio de un Grupo de Trabajo del Ministerio de Fomento, que analizó en 2013 las necesidades de adaptación de la red troncal de infraestructuras de transporte para mejorar la seguridad vial. El informe abarca 27.300 kilómetros de la red troncal de carreteras integrados en la Red Transeuropea de Transporte y parte del hecho de que el cambio climático conllevará mayor intensidad de ciertos fenómenos extremos (lluvias de corta duración, avenidas) y una mayor frecuencia (sequías, olas de calor).

Algunas carreteras podrían verse expuestas a precipitaciones extremas, inundaciones, aumento de las temperaturas e, incluso, la subida del nivel del mar

El estudio destaca el aumento de los daños localizados que podrían provocar los taludes, que serán más frecuentes en el norte y el sureste peninsular por el aumento de intensidad y de las precipitaciones extremas, lo que hace aconsejable cuidar el drenaje y la protección en las obras, lo que aumentaría la seguridad de las carreteras.

Para paliar estos efectos, y mejorar la seguridad vial, recomienda revisar la normativa y las recomendaciones de diseño de las obras de tierra y solicita “no descuidar aquellas tareas de vigilancia y mantenimiento preventivo”. A medio plazo, pide adaptar el diseño de las secciones y rehabilitación de los firmes al descenso de la precipitación media y al aumento de temperaturas máximas, que aumenta el riesgo de roderas y fisuras no estructurales.

El papel de la Oficina Española de Cambio Climático

No se puede obviar que la relación entre medio ambiente y la movilidad por carretera es bidireccional. Según un informe de la Asociación Europea de Asfalto y Pavimento presentado ante el Parlamento Europeo, “cada kilo de CO2 invertido en la pavimentación/rehabilitación de una carretera puede evitar la emisión de 36 kilos de CO2 procedentes del transporte de los vehículos que circulan por esa carretera”.

Por eso, hay expertos que piden conceder mayor protagonismo a las instituciones de cambio climático en la relación a la seguridad de las carreteras. “La nueva política de conservación de carreteras debería ser diseñada en España por la Oficina Española de Cambio Climático, que también debería asumir el control de los resultados obtenidos”, opina el catedrático de Ingeniería de Carreteras Miguel Ángel del Val en su blog No solo carreteras.

Un informe de un grupo de trabajo de Fomento aboga por no descuidar las “tareas de vigilancia y mantenimiento preventivo” para mejorar así la seguridad de las carreteras

Valvanera Ulargui, directora general de esa oficina, explica a esta revista que el transporte es uno de los sectores prioritarios para el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático y que, desde 2013, la evaluación ambiental de los proyectos debe incluir medidas “para mitigar su incidencia sobre el cambio climático y permitir su adaptación al mismo”. En la actualidad, la oficina apoya dos proyectos para el desarrollo del Plan Nacional en el sector de las infraestructuras de transporte: uno de ellos pretende identificar las secciones de la red troncal potencialmente más expuestas; el otro se centra en la recogida de información sobre cambio climático e inundaciones para la adaptación del diseño y el análisis de seguridad de infraestructuras sensibles. Todo ello ayudaría a mejorar la seguridad vial de las carreteras.

El informe del Grupo de Trabajo concluía recomendando dar cabida al cambio climático como condicionante del diseño y mantenimiento de la red de transporte y Ulargui cree que, “indudablemente, estamos dando pasos en la buena dirección”. El cambio climático es un hecho, y urge que las carreteras están preparadas para ello para que no afecte a la seguridad vial.

Escribe: Néstor Cenizo

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