Autopistas solares, un proyecto (no tan) futurista

La energía solar es limpia, pero ensucia el paisaje. Las plantas solares necesitan de grandes espacios sin árboles ni montículos a su alrededor, sin ningún tipo de material que les pueda hacer sombra. Esto supone también una gestión deficiente del espacio y del dinero. 

 

Las autopistas, por su parte, necesitan igualmente de espacios libres de árboles, cuyas ramas puedan caer en su recorrido. Necesitan de espacio, pues cubren distancias enormes, e idealmente, no les vendría mal algún tipo de techado para limitar los daños que pueden sufrir con las inclemencias del tiempo. 

 

Varios proyectos han relacionado las necesidades de estas infraestructuras y han pensado que se complementan a la perfección. El proyecto PV-SÜD ha sido el último en hacerlo. La idea, promovida por el Instituto Austríaco de Tecnología, el Instituto Fraunhofer de Sistemas de Energía Solar y la empresa Forster Industrietechnik, pretende cubrir las autopistas con paneles solares. De esta forma, aseguran los promotores, se aprovecharía la luz del sol, se ahorraría espacio y se protegería a los coches de las inclemencias del tiempo.

El montaje fotorrealista de LABOR3 visualiza la idea. 

Fuente: LABOR3 Architektur GmbH

La idea básica sería que esa energía fuera usada para alimentar las áreas de servicio de la carretera, así como las farolas y algunos edificios colindantes. El proyecto está recubierto de una estética futurista, pero su ejecución es bastante realista. De hecho, no son los primeros en apostar por conjugar autopistas y paneles solares.

Solar serpent highway, project by Mans Tham Architects

La idea no es nueva y es algo que se ha explorado de diversas formas en la última década. El proyecto Solar Serpents pretendía hacer lo mismo en Santa Monica (California, EEUU), pero su trayecto era semiurbano y su dimensión, demasiado grande. No hay noticias de este proyecto desde hace años. Más suerte tuvieron en Corea del Sur, donde se limitaron a cubrir un carril bici que corría en paralelo a una carretera. El proyecto era menos ambicioso, más realista. En Europa también se ha apostado por este modelo, aunque a menor escala. El túnel solar de Amberes (Bélgica) mide tres kilómetros de largo, enteramente cubiertos por paneles que alimentan los trenes que circulan por su interior.

 

 

Estos exitosos proyectos demuestran que, más allá de los titulares futuristas, es posible conjugar la seguridad vial y la energía limpia. Y que cuando los problemas se afrontan de forma conjunta, se pueden construir ideas innovadoras. 

 

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