Cualquiera que se haya sacado el carné de conducir sabe que la marcha atrás es un invento delicioso. Gracias a ella podemos ejecutar mil y una maniobras a la hora de encajar un coche en un espacio que tal vez (puede que sí o puede que no) sea demasiado pequeño para el modelo que conducimos.

 

Sin embargo, la marcha atrás no estuvo presente en la mayoría de los vehículos hasta principios del siglo XX. Lo que quiere decir que desde la fabricación del primer coche (a vapor) en torno a 1770 hasta la adopción de la marcha atrás como elemento presente en todos los automóviles (1905), pasó más de un siglo.

Entre ambos hitos se produjo toda la cadena de innovaciones tecnológicas que dio lugar al coche tal y como lo conocemos ahora. A lo largo de aquellos 135 años, tuvo lugar una verdadera carrera en la que tomaron parte ingenieros e inventores belgas, americanos y alemanes. Sobre la línea de meta se encontraron dos individuos, el alemán Karl Benz con su modelo de 1885, y el americano George Baldwin Selden con una patente registrada en 1879. En ambos casos, se trataba de automóviles sin la capacidad de desplazarse hacia atrás.

 

Así, el primer coche con marcha atrás aparece años después, de la mano del mismo Karl Benz. Fue el ingeniero alemán el que decidió que uno de los vehículos que había diseñado tuviera una marcha adicional que permitiría retroceder. No obstante, en un primer momento, la realidad es que el invento buscaba que el coche arrancase con mayor potencia, y no necesariamente hacerle andar hacia atrás. Arrancando desde una marcha que giraba en dirección contraria se atacaba uno de los principales problemas que tenían los primeros coches: la falta de potencia. Tras la aparición de la nueva marcha de Benz, el resto de los fabricantes comenzaron a instalar en sus modelos tecnologías similares.

 

Que la marcha atrás se inventase no significó que a partir de ese momento se instalase en todos los coches. Durante años, fue una opción que solo se montaba en algunos modelos, casi siempre por elección de los compradores. Hubo que esperar hasta 1905 para que la marcha atrás se convirtiera en un añadido presente en la gran mayoría de los coches que se fabricaban.

 

Sin embargo, incluso después de que la tecnología se adoptara de forma generalizada, aún se fabricaron algunos modelos que carecían completamente de la posibilidad de ir hacia atrás. Modelos como el biscúter, inventado en Francia pero únicamente fabricado en la España de posguerra. Se trataba este de un caso especial puesto que el biscúter era realmente un coche reducido a su mínima expresión, perfecto para los bolsillos de un mercado arruinado por los estragos de una Guerra Civil. El biscúter no solo carecía de marcha atrás; por no tener no tenía ni puertas, ni ventanas. Con razón en su momento dio lugar a la expresión «ser más feo que un biscúter».

 

Biscúter comercial 200/ CC BY-SA 3.0

Hoy, todos los coches pueden dar marcha atrás. Sí, incluso los Fórmula 1 a pesar de que haya quien piense que no. Es una confusión que puede deberse al hecho de que en los monoplazas, la marcha atrás no tiene un botón específico en el volante (como el resto de marchas) sino que se acciona a través de un botón situado en uno de los laterales del cockpit. En el caso de estos vehículos de competición se incluye por si, en un momento dado, el coche se encuentra en una posición comprometida dentro de la pista o por si debe desplazarse hacia atrás por motivos de seguridad.

 

Lo que está claro es que ya nadie se imagina los coches sin marcha atrás. Porque, de no tenerla, no podríamos mover el coche en ninguna dirección que no fuese hacia delante. Y lo que es más importante, no podríamos maniobrar y maniobrar en torno a una plaza de aparcamiento con la esperanza de dar con la combinación de movimientos adecuada.  

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